martes, 09 de febrero de 2010
A los "18" años, mi vida era de todo menos normal para un adolescente, los chicos de mi edad se divertían jugando al fútbol en la plaza, comenzaban a tener sus primeras novias y alguno incluso, comenzaba a practicar sexo. Yo, obligado a permanecer en cama debido a una extraña enfermedad pasaba los días leyendo a Tolkien, escuchando música y envidiando a mis amigos y todo lo que ellos podían hacer y yo no.

Los primeros días lo de mi enfermedad había sido una novedad y todos ellos habían venido a verme y a darme ánimos, incluso Laurita, la chica de clase que me gustaba se había acercado a mi casa una tarde para ver cómo estaba. Luego, a medida que avanzaban las semanas y yo no mejoraba las visitas se fueron reduciendo, se fueron espaciando hasta que un par de meses después ya nadie pasaba por casa. Ellos, mis amigos, habían seguido con sus rutinas, con sus juegos, con sus estudios, con sus idas y venidas, y yo, que formaba parte de su grupo hacía tan sólo unos meses, había descubierto que no era una parte indispensable para nadie, que la vida seguía sin necesidad de que yo siguiera allí. Eso me hizo entristecer, y mi estado empeoró. Cada día que pasaba estaba más débil, cada día tenía menos ganas de comer, dormía mucho y casi no hablaba. No respondía bien a los medicamentos y mis padres comenzaban a desesperar.

Una de mis primas hacía poco que había acabado la carrera de medicina y mis padres le habían pedido que viniera a verme. Isabel, mi prima, vivía a más de 200 kms. De nuestra ciudad pero al ver la preocupación de mis padres y que yo no mejoraba decidió venirse a vivir una temporada con nosotros. Hacía varios años que no veía a Isa, y la encontré algo cambiada. Había adelgazado y su cuerpo era mucho más estilizado. Se había teñido el pelo de rubio y llevaba lentillas de color azul cuando todos sabíamos que sus ojos eran marrones.

Se instaló en la habitación que quedaba al lado de la mía, cerca del cuarto de baño. Nada más llegar a casa y después de hablar durante un buen rato con mis padres vino a verme.

Pablitooo, hola cariño

Hola prima

Hola guapo, ¿cómo te encuentras?

No sé, no muy bien.

Bueno, tú no te preocupes, mañana te voy a hacer un reconocimiento y ya verás como te curo.

No sé prima, estoy muy cansado, no tengo ganas de nada.

Sí, ya sé, por eso ahora descansa, y mañana vengo a verte ¿vale?

Vale prima, como quieras.

Mi prima se agachó para darme un beso en la mejilla, y al hacerlo tuve una visión maravillosa de sus pechos, los cuáles asomaban en parte por el escote de la blusa. Me parecieron muy grandes, al menos en comparación con los de Laurita, que apenas se marcaban en sus jerseys anchos. Me sentí turbado y excitado y cuando se disponía a salir de la habitación volví a llamarla.

Prima…

¿sí?

Estás muy guapa.

Gracias Pablo, tú también.

Esa noche dormí bastante mal, aunque desde hacía unos días eso solía ser lo habitual. Soñé que andaba por un camino estrecho y que a los lados había un lago de agua turbia. En un momento dado yo caía al agua y comenzaba a chapotear para intentar mantenerme a flote pero el agua me apretaba hacia dentro con fuerza y poco a poco me estaba hundiendo. Entonces aparecía mi prima, rubia y esbelta, que me agarraba de un brazo cuando ya casi me había hundido y estiraba de mí hacia fuera. Luego ya no recuerdo cómo seguía el sueño, sólo recuerdo a mi madre poniéndome trapos de agua fría en la frente para bajar la fiebre.

Por la mañana la fiebre solía desaparecer pero mi cuerpo quedaba cansado y seguía dormitando hasta prácticamente el medio día.

Debían ser las 11 de la mañana cuando mi prima entró en mi habitación cerrando la puerta al hacerlo.

Pablo, ¿estás despierto?

Sí.

Vengo a reconocerte, esta noche tuviste fiebre.

Sí, ya sé, algunas noches me pasa eso. Luego la fiebre se va sola.

Sí, es muy extraño, en fin, veamos. ¿puedes incorporarte?

Me senté en la cama y mi prima comenzó a oscultarme la espalda y el pecho. No encontró nada extraño. Luego examinó mis ojos, mis oídos, mi boca y mi garganta con similar resultado. Encontró una leve irritación de garganta y dijo que la fiebre podía venir por ahí. Me pinchó para sacarme una muestra de sangre que más tarde llevaría a analizar y volvió a mirarme la fiebre. Estaba normal.

Entonces me pidió algo que no esperaba. Retiró las sábanas que cubrían mis piernas y me pidió que me quitara el pantalón del pijama. Ella misma me ayudó a hacerlo y luego, como si fuese la cosa más normal del mundo me bajó el calzoncillo. Yo enrojecí de inmediato pero ella no dijo nada. Palpó mis testículos buscando algún tipo de anomalía que no encontró y luego hizo lo propio con mi pene. Mi corazón comenzó a latir con fuerza y mi polla en manos de mi prima comenzó a ponerse dura. Me sentía avergonzado viendo como mi berga crecía entre los dedos de mi prima pero la naturalidad con que ella seguía examinando mi miembro hacía que no me sintiera incómodo. Cuando mi prima advirtió que mi pene estaba completamente erecto bajó la piel un par de veces.

Parece que mi primito ya es todo un hombre –dijo ella- tienes un pene muy hermoso.

Mi polla no era muy grande todavía, unos 14 cms. Pero mi prima con ese comentario me había hecho un gran cumplido. Ella era la primera mujer, además de mi madre, que veía mi miembro y el hecho de que le pareciera hermoso me halagaba y me dio mucha confianza en mi mismo.

Mi prima soltó mi pene erecto y me subió de nuevo el calzoncillo.


Necesito una muestra de orina, ten, utiliza este botecito.

¿tiene que ser ahora? –pregunté yo- pues sabía que con la erección que tenía en aquellos momentos no iba a resultar sencillo que saliera ni una gota de allí.

Bueno, cuando puedas o cuando tengas ganas, estoy en mi habitación ¿vale?

Vale.

Fui al baño y después de unos minutos pude orinar. Llené el botecito y se lo entregué a mi prima que me animó con sus palabras.

Fantástico, ya verás como a partir de ahora la cosa va a mejor.

Pasé el resto del día recordando lo que había sucedido con mi prima y cada vez que lo hacía tenía una buena erección. Entonces me di cuenta que hacía muchos días que no me masturbaba. Al principio de encontrarme mal lo hacía un par de veces a la semana pero en las últimas semanas no lo había hecho, me encontraba demasiado cansado y sin ganas. Me toqué la polla bajo el pijama. Me pareció que había crecido en los últimos días. De hecho en los últimos meses mi cuerpo cambiaba velozmente y a veces, hasta yo mismo me sorprendía de los cambios. Pensé en masturbarme pero finalmente no lo hice, me quedé dormido.

Al día siguiente mi prima entró de nuevo en mi habitación con la cara seria.

Hola Pablo, ¿cómo has descansado hoy?

Algo mejor, parece que no tuve fiebre.

Sí, creo que la fiebre era por la irritación de la garganta y con los medicamentos que te di la cosa irá mejor, ya verás.

¿ya sabes qué me pasa, Isa?

Bueno, estoy en ello. Los análisis son normales, todo es aparentemente normal.

Eso era exactamente lo que habían dicho todos los médicos que me habían visitado y tan sólo me habían recetado descanso y reposo, en unos días se encontrará mejor, pero los días pasaban, incluso los meses, y no mejoraba.

¿te importa que te vuelva a reconocer? Quiero asegurarme que no tienes nada.

Como quieras, prima.

Mi prima repitió paso por paso el reconocimiento del día anterior, todo excepto la parte que yo quería que repitiera.

¿me quito los pantalones, prima? –le sugerí yo cuando acabó de oscultarme.

Ella dudó unos instantes, parecía que en principio no tenía intención de examinarme más pero ante el ofrecimiento cambió de opinión.

Esta vez yo ya tenía el pene erecto, incluso antes de que ella lo agarrase entre sus dedos. Mi prima me tocaba la polla y los huevos, pero noté que no lo hacía como el día anterior, no los estaba examinando, sencillamente los estaba acariciando. Era una sensación muy agradable y placentera y mi prima estaba alargando esas caricias voluntariamente. Luego tomó mi polla con una mano y comenzó a moverla arriba y abajo lentamente pero sin pausa. No podía creerlo, mi prima, que me doblaba en edad, me estaba haciendo una paja fantástica. Fue demasiado para mí. El orgasmo me vino sin que yo pudiera hacer nada por evitarlo y ante mi bochorno, chorros de semen caían sobre la mano de mi prima y entre mis piernas empapándolo todo. Yo, que sólo había podido emitir un ruido gutural semejante a un gruñido de placer enrojecí violentamente. Luego intenté disculparme.

Yo, prima, verás, lo siento.

Pero ella, con toda la naturalidad del mundo me dijo que no pasaba nada, que era normal a mi edad, que tenía las hormonas en plena ebullición, y al decir esto quedó callada unos instantes y luego sonrió.

Claro, ¿porqué no se me habrá ocurrido antes?

¿el qué prima?

Nada, creo que sé lo que te pasa.

¿ah sí?

Sí, pero antes será mejor que te asee un poco. Bueno, yo también necesito limpiarme. –dijo ella mostrándome las manchas de semen de la mano.

Regresó del baño con una esponja y un orinal con agua. Me limpió con suma delicadeza los restos de semen de mi cuerpo y mientras lo hacía mi polla volvía a endurecerse.

Vaya, vaya con Pablito. Parece que hace muchos días que no te desahogabas ¿no?

Yo no contesté pero no hizo falta. Mi prima volvió a agarrarme la polla con una mano y comenzó a masturbarme de nuevo, esta vez con mayor energía. Yo comenzaba a sentirme ya algo fatigado. La respiración se me hacía entrecortada y notaba el corazón muy acelerado. Mi prima acompañó el loco frenesí de su mano con caricias en mis testículos y comprendí que pronto volvería a correrme. Así fue, pero esta vez mi prima se anticipó y antes de que mi semen se esparciera por toda la cama, acercó sus labios a mi polla y recibió en su boca mis descargas. Pese a haberme corrido hacía tan sólo unos minutos solté tanta leche que mi prima tuvo que dejar escapar algunas gotas, que se vertían de sus labios por su barbilla. Luego escupió en el orinal la mayor parte de mi corrida.

Creo que por hoy ya has soltado bastante leche, primito. Ahora será mejor que te quites esos calzoncillos y te pongas unos limpios. Las sábanas te las cambio yo ahora mismo y me llevo estas para que tu madre no vea lo que has soltado.

Yo hice lo que me dijo mi prima y 20 minutos más tarde dormía apaciblemente en mi camita recién hecha.

Al día siguiente desperté antes de lo habitual. Tenía unas ganas terribles de orinar así que me levanté y me acerqué al baño. Al pasar por la habitación de mi prima tuve la intención de abrir su puerta y entrar en su habitación. Después de lo que había pasado el día anterior mi prima se había convertido en una de mis fantasías recurrentes y quería verla desnuda. Abrí con muchísimo cuidado la puerta de su dormitorio y busqué a mi prima en la cama. Lamentablemente la cama estaba vacía y sin deshacer, como si nadie hubiese dormido allí esa noche. Entré y comencé a rebuscar en los cajones. La mayoría estaban vacíos, al parecer mi prima no había traído muchas cosas consigo. Encontré algunos pantalones y algunas blusas en el armario y en uno de los cajones de la mesilla de noche encontré varios conjuntos de ropa interior. Cogí unas braguitas de color negro que se veían diminutas e intenté imaginarlas puestas sobre el cuerpo de mi prima. Aquello me provocó de nuevo una erección. Pero escuché una voz lejana, al otro lado del pasillo y decidí salir de allí rápidamente. Dejé todo en su sitio y salí de la habitación y entré en el baño. Me costó lo mío orinar con esa tremenda empalmada que llevaba.

Durante toda la mañana estuve esperando la visita de mi prima a mi habitación pero esta no se produjo. Al medio día, cuando mi madre me trajo la comida a la cama le pregunté por ella.

¿y Isa no viene a verme hoy?

No, se fue ayer por la noche a pasar el fin de semana a su casa, dijo que tenía que hacer algo.

¿hacer algo?

No sé, no me dijo el qué, imagino que querrá ver a su novio.

Eso me sentó como un mazazo. Mi prima se había ido con el novio, y yo, tonto de mí, emocionado pensando en que mi prima estaría deseando volver a tocar mi polla. Se puede decir que en cierta manera me puse algo celoso, estúpidamente celoso. Comí muy poco y por la tarde volví a sentirme cansado.

Mi prima regresó el lunes por la mañana y lo primero que hizo al verme fue darme dos besos. Venía contenta, se le notaba en la cara, y traía unos medicamentos que según ella iban a curarme. Yo en cambio no estaba tan de buen humor y no mostraba ninguna alegría por lo que me decía Isa.

¿sabes? Creo que ya sé lo que te pasa. Tus hormonas andan disparadas y han provocado lo que nosotros los médicos llamamos un síndrome de fatiga crónica…

¿y eso qué significa?

Pues que creo que ya sé porqué te encuentras mal y ya podemos iniciar la medicación para que te mejores.

¿y cómo sabes que es eso? Los otros médicos no dijeron nada, no sabían lo que era.

Creo que los demás no dieron importancia a los niveles hormonales de tus análisis, que como digo son altos pero claro, a tu edad, no tienen porqué ser extraños.

Ya, ¿y si no es lo que tú crees?

¿te pasa algo primo? –me preguntó al fin al verme serio y de mal humor.

¿tienes novio? –le pregunté yo.

Sí, ¿porqué me preguntas eso?

¿te gusta?

Sí, claro, es mi novio, estás muy rarito hoy ¿eh Pablo?

¿entonces porqué lo hiciste?

¿porqué hice el qué?

Lo del otro día, yo pensaba que lo hiciste porque te gustaba yo.

Jajajaja, ¿así que es eso? Vaya, no sé qué decir. Eres mi primo, y te quiero mucho, ya lo sabes, y lo del otro día fue, no sé cómo explicarlo, un accidente.

¿un accidente?

Bueno, quiero decir que no debes darle tanta importancia, yo sólo quería aliviarte un poco, lo estás pasando mal aquí todo el día encerrado y pensé que no te vendría mal un pequeño desahogo. Es algo normal, la gente se masturba ¿sabes? Todo el mundo lo hace de vez en cuando.

¿tú también?

Sí, claro, yo también. Y no pasa nada, es normal.

¿normal? Me hiciste una paja, prima.

Bueno, de acuerdo, quizás me pasé un poco, no creía que te ibas a enamorar de mi por eso. –mi prima me sonrió y me acarició la cara.

¿lo volverías a hacer?

¿el qué? ¿masturbarte?

Sí.

Bueno, no sé, depende.

¿de qué?

Estoy dispuesta a volver a hacerlo siempre y cuando me prometas un par de cosas.

¿cuáles?

La primera que no le dirás nunca a nadie esto, será un secreto de los dos ¿vale?

Vale, prometido. ¿y la otra?

Que vas a tomarte los medicamentos que traje y no volverás a ponerme esa cara de enfado.

Prometido.

¿de verdad?

De verdad.

Entonces déjame ver qué tal anda mi paciente.

Mi prima metió una mano bajo las sábanas y la llevó hasta mi paquete. Nada más notar el contacto de sus dedos con mis genitales mi polla se puso dura de golpe. Introdujo la mano bajo mi pijama y bajo el calzoncillo y me agarró el pene que ya había alcanzado su máximo tamaño.

Veo que mi paciente tiene que seguir con el tratamiento. –dijo Isa que comenzó a retirar las sabanas y a bajarme la ropa.

Mientras lo hacía yo la miraba encantado al canalillo de su escote. Llevaba un sujetador negro, quizás el mismo que yo había visto el otro día en su habitación, quizás incluso llevaría puestas aquellas pequeñas braguitas que tanto me excitaron.

Hoy, Pablito, te voy a enseñar a controlar tu eyaculación.

¿a controlar qué?

A controlar cuando te corres. El otro día me llenaste la mano, ¿recuerdas? Tienes que aprender a dominar tus sensaciones. A las chicas no les gustan los hombres que se corren nada más tocarlos, tienes que aprender a dominarte, a controlar el momento.

Mi prima me decía todo esto mientras seguía acariciando mi polla y mis huevos con la mano.

Verás, voy a hacer algo que estoy segura te va a gustar mucho, y lo que quiero es que aguantes sin correrte todo lo que puedas y cuando ya no puedas más quiero que me avises, pero avísame antes de llenarme entera ¿de acuerdo?

De acuerdo.

Entonces Isa se agachó sobre mi estómago y comenzó a besarme dulcemente alrededor del pubis, también en los muslos, luego en los huevos, los cuáles lamía cuidadosamente metiéndose uno y luego otro en la boca para acabar subiendo por el tronco de mi nabo y lamer sólo la puntita. Aquello era fantástico, nunca había sentido algo así, y me pareció que en cualquier momento me iba a correr así que avisé a mi prima quién con un par de dedos me apretó la base del pene con fuerza.

Cuando creas que ya no tienes ganas de correrte me avisas.

Unos segundos después mi prima aflojó la presión.

2 minutos –dijo ella mostrando su reloj de pulsera.

No es mucho ¿verdad? –dije yo.

No, pero es normal a tu edad.

¿has hecho esto muchas veces?

Bueno, sí, algunas, es algo que le gusta mucho a los chicos.

¿y a ti, te gusta hacerlo?

Si, claro, pero me gustan más otras cosas.

¿qué cosas?

Jejeje, bueno, eso te lo diré otro día primo.

Con el palique mi polla había perdido algo de su dureza y mi prima me dijo que íbamos a repetir la operación y que debía aguantar un poco más.

Piensa en algo aburrido o algo que no te guste –me aconsejó Isa.

Yo le hice caso y comencé a pensar en las clases de historia que siempre me habían aburrido considerablemente, y pensé también en las tareas de casa, no me gustaba nada ordenar mi habitación ni arreglar el jardín. No obstante, esos pensamientos no eran lo suficientemente fuertes para distraerme de lo que mi prima me estaba haciendo. Había vuelto a meterse mi polla en la boca, ahora casi por completo, y en varias ocasiones me pareció que tocaba con la punta del nabo las paredes de su garganta. La visión de mi prima subiendo y bajando su cabeza sobre mi miembro me estaba calentando aún más así que decidí cerrar los ojos para no verla pero entonces eran sus pechos los que venían a mi cabeza, y también Laurita, a la que me imaginaba desnuda y haciéndome una paja. Aquello era demasiado para mí. Avisé de nuevo a mi prima y ésta nuevamente detuvo mi corrida en el último momento. Esta vez tuvo que mantener la presión durante más tiempo e incluso sus dedos apretando mi berga estuvieron a punto de hacerme terminar.

4 minutos. –dijo ella finalmente

¿eso está mejor, no prima?

Sí, pero debes aguantar un poco más aún.

¿más? Creo que eso será complicado.

Sí, eso creo yo también –dijo mi prima riéndose.

Después de dejarme descansar unos minutos me dijo que lo íbamos a intentar por última vez. Me dijo que esta vez yo podría correrme, que ella no iba a hacer nada para evitarlo, pero que debía aguantar como antes todo lo que pudiera. Yo asentí. Mi polla estaba casi totalmente dura, ni siquiera en esos minutos en los que había dejado de estimularme había conseguido destremparme. Una vez más mi prima engulló mi polla y una vez más yo intenté pensar en otras cosas. Y durante unos minutos lo conseguí, conseguí abstraerme de lo que me hacía mi prima, de las sensaciones que me provocaba y pensaba en otras cosas pero en un descuido abrí los ojos y lo que vi me dejó totalmente extasiado. Mi prima, mientras seguía con la mamada, se había desabrochado los vaqueros y había introducido una mano dentro de sus braguitas negras, las mismas que yo había tenido en mis manos unos días antes. Podía ver cómo sus dedos se movían por dentro de la tela y cómo ella se abría de piernas mientras se tocaba y suspiraba y jadeaba de placer.

Entonces, sin que pudiera hacer nada por evitarlo, todo el semen que había ido acumulando salió disparado a chorros dentro de la boquita de mi prima, quien intentaba retenerlos como podía, pero que dada la gran cantidad de esperma tuvo que desistir de ello y dejar que algunos chorros impactasen en su cara y en su cuello. Al mismo tiempo vi como aceleraba también los movimientos de la mano en su entrepierna y cómo poco después se contraía su cuerpo y dejaba escapar una especie de quejido entrecortado.

6 minutos –dijo finalmente Isa cuando se recuperó y mientras se apresuraba a recomponer su ropa-.

Mejor ¿no? –dije yo.

Sí, pero mira cómo me has puesto. Si llego a saber que ibas a soltarme tanta leche me hubiese apartado antes –dijo ella mientras se limpiaba como podía con un pañuelo-.

La verdad es que mi prima mostraba el aspecto de una puta. Tenía restos de semen en la mano, el cuello y la cara.

Lo siento, prima.

Ya, ya, tú siempre lo sientes pero siempre acabas pringándome. El tono de las palabras de Isa no era el de alguien enfadado, si no más bien el de alguien divertido.

Bueno, no volverá a pasar. –dije yo.

No, es cierto, no volverá a pasar.

¿qué quieres decir con eso?

Nada, que no volverá a pasar.

Mi prima me dio un beso en los labios y salió de la habitación. La escuché entrar al lavabo, probablemente para limpiarse bien y quizás para acabar con su paja.

En los siguientes días mi prima y yo no volvimos a tener nada. En parte porque los medicamentos que me dio hicieron su efecto y pronto comencé a sentirme mejor y ya no pasaba tantas horas en la cama. Recuperé de inmediato el apetito y poco a poco fui notando como las fuerzas regresaban a mí.

La noche del miércoles al jueves me desperté sobresaltado. Alguien me estiraba del brazo y me tapaba la boca con la mano. Fue un segundo de terror, un segundo hasta que mi prima encendió la luz de la mesilla de noche y vi su rostro cerca del mío.

Ssssssssssshhhhhhhhhhhhhhhh, no grites o nos escucharán.

Yo estaba todavía medio dormido y no sabía bien lo que estaba viendo. Mi prima estaba sentada en mi cama junto a mí. Llevaba una camiseta blanca y unas braguitas de color rosa. Me miraba cariñosa y sonriente mientras yo acababa por reaccionar.

¿pasa algo, prima? –dije yo.

No, sólo vine a ver cómo estaba mi paciente.

Mi prima me palpó el paquete por encima de las sábanas. No creo que llegara a notar gran cosa pues aún estaba en reposo.

Isa comenzó a retirar las sábanas lentamente mientras su cara se acercaba cada vez más a la mía hasta unirnos en un beso. Su lengua buscó a la mía durante unos instantes maravillosos. Yo podía sentir sus pechos contra el mío, podía percibir la suavidad de su piel y su estimulante aroma a mujer.

La mano de mi prima consiguió alcanzar su objetivo y agarró mi polla con fuerza. Fue entonces cuando me percaté de los dos granitos que marcaba su camiseta, eran sus pezones que me provocaban con su erección. Quise ir un paso más allá con mi prima y empecé a levantarle la camiseta. Quería verle las tetas, quería tocarlas y estrujarlas, lamerlas, morderlas, olerlas y chuparlas.

Ella advirtió mis intenciones, y lejos de oponerse, me ayudó a sacarle la camiseta. Entonces los vi perfectamente, eran dos pechos generosos, no enormes pero sí bastante grandes, culminados en una roja aureola con unos pezoncitos duros y redonditos. Los acaricié. Sentí por primera vez el tacto de unos pechos de mujer y la sensación me encantó. Estaban duritos, tersos pese a su tamaño. Los exploré una y otra vez, apretándolos, sintiendo su dureza y su consistencia, los recorrí de tal manera que sin llegar a verlos podría haberme hecho una imagen mental de sus tetas.

Y mientras tanto, la mano de mi prima se había convertido ya en una prolongación de mi polla. La sentía suave en ocasiones, cuando me acariciaba los testículos, fuerte en otras, cuando la agarraba con toda la mano como si quisiera arrancármela de un tirón, pero nunca daba ese tirón, sólo la agarraba fuerte, y la movía de abajo a arriba, de arriba abajo una y otra vez, y yo, era consciente que pronto acabaría todo, que pronto volvería a llenarle la mano de semen a mi prima, y que luego ella se iría para acabar la faena en la soledad de su habitación.

Eso hizo que me decidiera a dar el siguiente paso, y abandoné uno de sus pechos para buscar el centro del placer de mi prima. No me fue muy difícil introducirme dentro de sus bragas y encontrar su sexo ardiente. Me sorprendió la cantidad de bello que tenía, pero eso no fue un obstáculo para que pudiera encontrar su gruta secreta.

Primo, tienes las manos muy largas.

¿no te gusta?

Sííí, sigueeeee.

Mi prima separó las piernas todo lo que pudo para facilitar mi toqueteo a la vez que detenía el movimiento de su mano en mi pene.

¿porqué paras? –le pregunté yo.

No quiero que te corras aún y sé que estás a punto de hacerlo.

Era cierto, el tacto de su coño me había puesto a mil. Me sorprendió encontrar el interior de su sexo húmedo. Luego Isa me lo explicó, me dijo que cuanto más se excitaba una mujer más mojadito quedaba su sexo. Pues mi prima debía estar bien caliente porque mis dedos podían chapotear en su chochito.

Mi prima me guiaba en mis movimientos, mis dedos eran al principio tentáculos torpes, no tenía ni idea de cuáles eran los lugares que debía estimular. Isa me enseñó, me enseñó a localizar su clítoris, a conocer su delicadeza, su sensibilidad pero al mismo tiempo su gran potencial. Me guió hasta su vagina, y una vez en ella me pidió que le introdujera un dedo, luego otro, y luego otro… De vez en cuando yo me desviaba del objetivo, acariciaba sus labios externos, su delicado bello púbico, y ella ponía de nuevo su mano sobre la mía para reconducirme hacia su orgasmo.

Sólo entonces, cuando supo que su orgasmo llegaría pronto reanudó la paja que me estaba haciendo y esta vez sus movimientos eran más frenéticos, más duros, más fuertes, y yo sentía como el semen subía por mi polla y que de un momento a otro me iba a correr irremediablemente. Y mi prima también lo sabía, sabía que nuestros orgasmos estaban a punto de llegar, que ya estaban ahí y apuntó mi berga hacia mi estómago justo en el momento en que los primeros chorros salían disparados impactando contra mi barriga.

Isa entonces me obligó a estimular su clítoris y poco después alcanzaba también su orgasmo.

Es mejor que me vaya antes de que tus padres se despierten y nos pillen.

No prima, quédate un ratito más.

No, déjame, tengo que irme ya.

A regañadientes tuve que abandonar el cuerpo de mi prima. Ella salió de mi habitación y yo, todavía desnudo sobre la cama pensaba en que quizás esa era la última vez que estaba con mi prima, pues yo ya estaba casi recuperado y ella marcharía pronto a su casa.

Sin embargo, esa semana aprendí que la vida da muchas vueltas y nunca puedes saber hacia qué lado gira la ruleta. El viernes por la mañana mis padres recibieron una llamada telefónica inquietante. Un familiar de mi padre había caído gravemente enfermo, hasta el punto de que era muy probable su muerte. Eso hizo a mis padres plantearse la posibilidad de viajar a la ciudad de ese familiar y le pidieron a mi prima si podía alargar unos días más su estancia en su casa para cuidar de mí durante el fin de semana. Mi prima dijo que no había ningún problema en ello y yo estaba encantado con la idea de quedarme a solas con ella durante todo el fin de semana.

Mis padres marcharon esa misma tarde y yo pensaba que en cuánto salieran por la puerta mi prima y yo íbamos a tener sexo pero no fue así. Dado que me encontraba mucho mejor me obligó a ayudarla con las tareas de casa y con la cena.

Yo de vez en cuando le tocaba el culo o le soltaba alguna indirecta para ver si mi prima se animaba pero nada de nada, ni siquiera un leve roce. Después de cenar estuvimos un rato viendo la tele pero cada uno de nosotros estaba en un rincón del comedor.

Yo ya me había puesto el pijama resignado y decepcionado pensando que esa noche no iba a haber nada cuando mi prima me dijo que se iba a dar una ducha antes de acostarse.

Aquello me parecía raro pues nunca antes la había visto ducharse a esa hora pero no le di más importancia. Me quedé ojeando una revista en el sillón cuando a los pocos minutos mi prima me llamó.

Pablitooo!

Yo acudí de inmediato a su llamada y aunque mi prima había dejado la puerta del baño semiabierta llamé antes de entrar.

Dime Isa.

¿puedes entrar y acercarme la toalla? Me olvidé de cogerla.

Sí claro.

Entré al baño y lo primero que vi fue el magnífico culazo de mi prima, con sus dos blancas nalguitas bien redonditas. Yo abrí el cajón de las toallas y saqué una de las mas grandes. Al girarme para darle la toalla a mi prima me la encontré en una pose que me excitó sobre manera. Se había dado la vuelta, y posaba con una pierna sobre el mármol de la bañera. Tenía algo en la mano, un espejo, comprendí rápidamente y lo que hacía era mirarse el sexo en él. Entonces caí en la cuenta. Mi prima se había pelado el chochito, se lo había afeitado entero, y en el desagüe aún quedaban restos de agua, jabón y bellos.

¿te vas a quedar ahí mirando o piensas acercarme la toalla?

Sí, claro, ten.

Le ofrecí la toalla a mi prima desconcertado aún por haberla visto totalmente desnuda por primera vez y en una pose tan insinuante. Bajo el pantalón de mi pijama mi sexo comenzaba a desperezarse a gran velocidad.

¿me ayudas a secarme?

Estaba claro que mi prima había decidido jugar otra vez y yo no la iba a defraudar. Le ayudé a secar su espalda y su trasero y le ofrecí la toalla para que se secara ella por delante pero mi prima no la cogió.

¿porqué no sigues tú? Me gusta cómo lo has hecho.

Así que le pasé la toalla por los pechos con mucho cuidado. Tenían aquel maravilloso tacto que tanto me había gustado la otra noche. Luego fui bajando por su abdomen hasta llegar a su sexo, en el que me detuve algo más de lo necesario, y continué secando sus piernas y sus pies, para lo cuál tuve que agacharme. Cuando estaba acabando con sus pies sentí que mi prima me tomaba de la cabeza con sus manos y me acercaba a ella. Al alzar la vista me encontré cara a cara con su coño. Esa imagen se me quedó grabada en el cerebro para siempre y aún hoy me excita al evocarla.

Recuerdas lo que hiciste la otra noche con tus deditos ¿verdad? Pues hoy quiero que lo repitas pero con la lengua. Es algo que nos encanta a las mujeres, tendrás ocasión de comprobarlo.

Pero… no sé cómo hacerlo. Dije yo.

Tranquilo, yo te voy a ir guiando.

Y mientras decía eso apretaba mi cabeza contra sus labios depilados. Yo me agarré a su culo y comencé a lamer con la lengua el exterior del sexo de mi prima.

Bien, sí, así esta bien, sigue así, chupa mi rajita, vamos, méteme la lengüita, sí, así, muy bien, ahora más arriba, si, así muy bien, aaaaaah, sí eso es, aaaaaaah, muy bien, eso es, y ahora por aquí, sí, así, muy bien, aaaaaaah.

Mi prima guiaba mis movimientos con sus indicaciones y pronto comprendí cuáles eran las zonas que debía estimular para darle más placer. En realidad acabé lamiendo todo su sexo pero cada vez que rozaba su clítoris con la lengua a mi prima se le escapaba un gemido de placer que a mí me ponía tan cachondo que mi polla estaba ya a punto de reventar.

Aaaaaaah, síiiiiii, aaaaaaaaaah, eso es, asíiiiiii, Pablitoooooooooo, síiiiii,, aaaaaaaaah, aaaaaaaaaaah, aaaaaaaaaaah, aaaaaaaah, aaaaaaaaah.

Finalmente Isa se corrió de gusto expulsando gran cantidad de fluidos que me impregnaron toda la cara. Tuve que sujetarla para que no se cayera al suelo pues al dejarse llevar en su orgasmo los músculos de su cuerpo se relajaron demasiado.

Esta vez has sido tú la que me has manchado –dije a Isa cuando ésta ya se había repuesto de su corrida.

Sí, jejeje, es mi venganza por las veces que tú me llenaste con tu esperma.

Pero a mí no me importa, prima, me encanta hacer esto, podría hacértelo otra vez si quieres.

¿otra vez? Vaya, eso suena tentador, pero no, tengo otra idea, además viendo la erección que llevas será mejor que tú también descargues tu lechita.

¿otra idea? –pregunté yo.

Sí, sígueme.

Mi prima salió totalmente desnuda del baño y entró en su habitación. Yo la seguía justo detrás acariciándome por encima del pantalón del pijama la espectacular erección que tenía. Isa se agachó para coger algo de uno de los cajones del armario. Le pegué el paquete contra su culo para que notase bien fuerte mi empalmada.

Hmmmmm, qué rico lo tienes Pablito. Vas a hacer feliz a muchas mujeres.

Isa se incorporó de nuevo. En una de sus manos llevaba un condón.

¿me dejas ver como está mi paciente? –dijo ella sentándose en la cama y comenzando a bajarme el pantalón del pijama.

Mi polla se escapaba ya por el lateral de los calzoncillos y en cuanto que se sintió libre saludó a mi prima con una reverencia para ponerse luego mirando al cielo. Yo había vuelto a agarrar los pechos de mi prima con los que comenzaba a tener una sensación de familiaridad. Isa tenía los pezones duros, como acostumbraba siempre que andábamos jugando.

Ella repasaba con la mano y con la lengua toda la extensión de mi berga, la cuál palpitaba de excitación y se endurecía aún más.

Creo que ya estás preparado. –dijo mi prima y comenzó a colocarme el preservativo con la boca.

Yo no sabía para qué estaba preparado pero sí, lo estaba, de eso no había duda. Mi prima me recordó lo que me había enseñado durante esos días, me dijo que ahora debía ponerlo en práctica. Luego se tumbó en la cama y separó bien las piernas mostrándome muy claramente qué era lo que quería que yo hiciese.

Yo apunté mi polla a su entrada y me eché sobre ella pero mi puntería no fue tan buena como esperaba y no penetré a mi prima. Fue ella misma quién me agarró la polla y la dirigió hasta la entrada de su vagina. Fue una sensación extraordinaria sentir las paredes del coño de mi prima apretando mi polla con fuerza mientras ésta se deslizaba adentro y afuera una y otra vez. Por fin estaba dentro de ella, por fin estaba follando, follando con mi prima. Entonces me di cuenta que si seguía pensando en eso me iba a correr de inmediato así que comencé a pensar en cosas desagradables. Mi prima se movía conmigo, subía su cadera para que mis penetraciones fueran cada vez más profundas. Se acariciaba el clítoris con una mano, con la misma con que de vez en cuando me agarraba los huevos como si quisiera exprimirlos. Comencé a sudar, mi respiración era ya fatigosa y comenzaba a sentirme cansado. Mi prima lo estaba disfrutando, y yo también, claro está, pero cada vez me resultaba más complicado pensar en otras cosas que no fueran las tetas y el coño de mi prima. Isa alcanzó su orgasmo y lo hizo de una forma muy ruidosa. Yo llevaba ya más de 15 minutos bombeando en su interior y tuve la certeza de que no aguantaría mucho más.

Me corro. –le dije a mi prima avisándole de mi inminente orgasmo.

Córrete primo, córrete, lo has hecho muy bien.

Entonces sentí como los músculos de la vagina de mi prima se contraían aún más y cómo mi sensibilidad aumentaba provocando un placer inaguantable y finalmente me dejé ir. Un tremendo orgasmo hizo que me derrumbara exhausto sobre el cuerpo de mi prima y que durante unos minutos no pudiera casi ni moverme.

Cuando advertí lo que había pasado estaba ya sólo en la cama. Tenía el pene flácido y manchado de semen. Mi prima no estaba allí. Regresó a la habitación tan desnuda como había estado todo el rato. Traía unas porciones de chocolate en la mano y me ofreció a mí la mitad.

Fui a tirar el condón y aproveché para coger un poco de chocolate, ¿quieres?

Gracias, pero ni siquiera noté cuando me lo sacaste.

Jejejejeje, sí, ya me di cuenta.

Comimos el chocolate y permanecimos tumbados sobre la cama.

¿te has acostado con muchos hombres, prima?

Bueno, con algunos, ¿por qué?

¿lo hice bien?

Si, jejejeje, muy bien para ser tu primera vez, jejejeje.

¿podemos repetirlo?

¿cómo? ¿quieres volver a hacerlo? ¿ahora?

Bueno, sí, porqué no.

Mi prima se reía.

¿has visto cómo se te ha quedado la polla? AAsí no podemos hacer nada.

Si me la chupas seguro que se pone dura otra vez, prima.

¡Pero Pablitoooo! ¡qué confianzas son esas!

Vamos prima, si tú también quieres.

Mi prima me miraba sorprendida por que fuera yo quién tomaba la iniciativa pero luego, sin mediar más palabra, llevó su boca a mi pubis y después de tontear un poco se llevó mi pene a la boca. Mientras lo lamía se movía de tal manera que me colocó el culo justo delante de mi cara. Yo podía ver los labios de su coño desde atrás y decidí imitar a mi prima. La agarré de las piernas y la obligué a descender su culito sobre mi cara de tal forma que su sexo quedó justo sobre mi boca. Comencé a lamerlo encantado por la mamada que mi prima me ofrecía y procurando no excitarme demasiado para no correrme. Mi prima en cambio no se cortaba para nada y con cada lengüetazo que le daba en sus bajos ella gemía y se retorcía de placer.

Creo que volvió a correrse con mi mamada. Yo también estuve a punto de hacerlo pero mi prima me lo impidió como ya había hecho en otras ocasiones.

Todavía no, primo, ahora te toca follarme.

Con una facilidad pasmosa mi prima giró su cuerpo sobre el mío y acabó sentada sobre mi polla. Mi pene se introdujo en su chochito sin ninguna dificultad y mi prima daba pequeños saltitos sobre ella introduciéndosela más y más con cada uno de ellos. Cuando la tuvo toda dentro de si, se echó hacia delante ofreciéndome sus tetas y entonces comenzó a moverse como en círculos. Al principio me costó cogerle el truco a esa postura, me sentía más cómodo siendo yo el que estaba arriba pero luego me resultó incluso más cómoda y descansada. Era mi prima quién guiaba mis movimientos acompasándolos con los suyos y era ella quién marcaba el ritmo. Después de un rato en esa postura decidimos cambiar y mi prima se colocó a cuatro patas. Yo me situé tras ella y desde atrás la penetré con fuerza por el coño. Aquella era una posición mucho más excitante para mí y agarrado a sus tetas la penetraba fuertemente.

Mi prima gemía y me animaba a que la follara, a que le siguiera dando fuerte, a que le partiera por la mitad y todas esas cosas hacían que cada vez estuviese más excitado. Además, en esta ocasión no llevaba puesto preservativo y las sensaciones eran aún más fuertes.

Antes de que te corras –dijo mi prima- métemela en el culo.

¿en el culo? –pregunté yo sorprendido-

Sí, en el culo, vamos, métemela ahora.

Yo saqué mi berga de su cálido chochito y lo puse contra su ano. Empujé pero mi pene no entraba.

Debes dilatarlo. –dijo ella- Mójalo con tu saliva y con mis flujos, luego prueba con un dedo y luego con dos.

Yo hice lo que me dijo mi prima. Le lubriqué el ano tanto como pude y después introduje en él un dedo que aceptó sin problemas y luego otro. Por último volví a intentar introducir mi polla. Costó un poco al principio, quizás por mi inexperiencia, pero al fin entró la puntita, y luego poco a poco fue entrando todo.

Aaaah, cuidado, me haces daño. –decía mi prima-

Yo empujaba con cuidado al principio pero costaba entrar dentro del culo de mi prima así que dejé de prestar atención a sus quejas y comencé a bombear con fuerza.

Aaaaah, me matas, animal, aaaah, con cuidado, aaaah.

Mi prima gritaba y gemía, no sé si de dolor o de placer, el caso es que yo andaba ya tan excitado entre unas cosas y otras que no tarde en llenarle el culo de leche.

Mi polla salió de su ano con un sonoro plof y parte de mi semen le chorreó por las piernas. Mi prima, que había comenzado a masturbarse al sacar mi polla seguía a cuatro patas sobre la cama. Era delicioso verla así, manchada de mi leche y alcanzando al fin un nuevo orgasmo.

Por esa noche dimos la fiesta por finalizada. Después de ducharnos y asearnos nos fuimos a dormir.

¿puedo quedarme a dormir contigo? –le pregunté a mi prima-.

Bueno, quédate si quieres.

Mi prima se puso únicamente unas braguitas y se metió en la cama. Yo, totalmente en bolas me acosté a su lado. Dormimos abrazados toda la noche.

Cuando desperté ella ya no estaba conmigo en la cama. Mi pene volvía a tener una hermosa erección y tenía unas enormes ganas de orinar. Me levanté de la cama y me dirigí al baño. Me costó pero finalmente pude orinar. Luego fui hasta la cocina. Tenía un hambre terrible y allí encontré de nuevo a mi prima. Llevaba sólo las braguitas con las que había dormido y sus pechos se le bamboleaban con cada movimiento que hacía. Yo, que seguía totalmente desnudo y con una media erección me acerqué a Isa que ahora estaba de espaldas a mí. Cuando estuve a su lado le bajé las braguitas para ver su hermoso trasero una vez más.

¿qué vas a querer desayunar? –me preguntó ella como si no pasara nada especial-.

Quiero tu culito.

Mis manos bajaron totalmente las braguitas que cayeron al suelo junto a sus pies. Acerqué mi polla a sus nalgas y la restregué contra ellas hasta que la tuve totalmente dura de nuevo. Mientras tanto mis manos se habían perdido ya en el interior de su coño comenzando a masturbarla como había hecho ya anteriormente.

¡Pablitoooooo!

¡Te quiero primaaaa!

Comencé a besar el cuello y la espalda de mi prima que se erizaba con el contacto de mi lengua e intenté abrirme paso entre sus piernas con mi polla. Isa se agachó un poco para facilitar mi maniobra a la vez que separaba las piernas e intentaba alcanzar el tarro de la mantequilla.

Mi polla se fue adentrando poco a poco en su coño y comencé a follarla como había hecho la noche anterior pero esta vez sólo pensaba en lo delicioso que era sentir mi berga dentro de su chochito apretado.

No te vayas a correr –dijo mi prima- no me gustaría que me dejaras preñada

Tranquila prima, que ya controlo.

No, no me fío de ti pequeño granuja, será mejor que me la vuelvas a meter en el culo. Ten, usa esto.

Me acercó la mantequilla y al principio no sabía bien que debía hacer con ella. Luego lo entendí. Saqué una mano de su sexo y con los dedos agarré un poco de mantequilla que la deposité en el ano de mi prima. La esparcí bien por todo su recto y probé a introducirle un dedo para ver si funcionaba. Y funcionó, mi dedo entró en su culito sin problemas resbalando con el aceite de la mantequilla. Entonces dejé la caliente madriguera en que se había convertido el coño de Isa para introducirme una vez más por la puerta de atrás. Esta vez mi polla entró sin grandes problemas y Isa parecía disfrutarlo también. Yo me agarré a sus pechos para coger impulso en mis embestidas y ella continuó el masaje en su sexo que mis dedos habían dejado a medias.

¿tu novio también te folla el culo? –le pregunté mientras penetraba con fuerza su ano una y otra vez-.

No. Mi novio nunca entró por ahí.

La revelación que me hizo mi prima me excitó aún más. Estaba claro que el ano de Isa no era virgen y que seguramente más de un hombre había descargado ya allí su semen, sin embargo, el saber que su novio no había disfrutado aún de ese abujerito me proporcionaba un pequeño coto privado de propiedad sobre mi prima.

Yo acabé por descargar toda mi leche con un par de embestidas rápidas mientras ella aceleraba su orgasmo en una frenética masturbación.

Ese día ya no volvimos a follar, de hecho sólo lo hicimos una vez más antes de que ella regresara a su casa. Fue el mismo día en que se marchó. La vi haciendo la maleta y se me partió el alma. Me puse a llorar desconsoladamente pidiéndole que no se marchara.

Pablitoooo, lo siento, pero yo tengo mi vida en otro lugar, ¿entiendes?

No, no lo entiendo.

Sí, si lo entiendes, y sabes que estoy haciendo lo que debo. Mira, lo de estos días ha sido maravilloso y espero que tú lo hayas disfrutado tanto como yo pero algún día iba a acabar y ese día es hoy.

¿y qué voy a hacer yo a partir de ahora?

¿qué vas a hacer? Pues lo que hacen todos los chicos, salir por ahí, divertirte, encontrar a una chica de tu edad y pasarlo bien.

Pero yo no quiero una chica de mi edad, te quiero a ti.

Jejejeje, sí, ya, lo que pasa es que estás enchochado.

¿el qué?

Enchochado. Es lo que les pasa a algunos hombres con su primer chocho, creen que la mujer que lo tiene es la mujer de su vida, pero no, ya verás que en tu vida van a haber muchos otros chochos, hazme caso, te has convertido en un buen amante y cuando esto se sepa te lloverán las novias.

Te quiero, prima, lo digo en serio.

Anda, ven y dame un beso y cállate de una vez.

Yo besé a mi prima apasionadamente y ella me devolvió el beso.

Pablitooooooo, te voy a echar mucho de menos.

No te vayas, quédate una semana más, puedo fingir una recaída.

Pero qué dices tonto, cómo vas a hacer eso.

Prima, te quieroooooo y no quiero que te vayas.

Anda tontorrón, deja de decir tonterías y déjame ver a mi paciente una última vez.

Entonces comenzamos a desnudarnos con la misma ansiedad con que se desnudan el uno al otro dos novios primerizos y tumbados en su cama volvimos a hacerlo, pero esta vez, a diferencia de las anteriores, Isa me pidió que me corriera dentro de su chochito y ese momento lo conservo aún hoy como el mejor y el más intenso de mi vida. Luego, después de hacerlo me pidió que la dejara sola para terminar de hacer la maleta. Yo me fui a mi habitación y ya ni siquiera volví a verla. Al día siguiente, cuando me levanté mi prima ya no estaba allí y supe que todo había acabado.

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Publicado por Desconocido @ 13:30  | Filial
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